5. Del río al océano...
Tienes dentro de ti una fuerza natural que se manifiesta día
a día y que no la entiendes… La capacidad natural de CRECER… capacidad que
compartimos con toda la existencia. Es algo tan natural. El árbol desde que es
semilla contiene todo su potencial, y sin ninguna pretensión va manifestando lo que es… pero ya lo es… solo que no se ha manifestado de un solo golpe. En él
mora la perfección que se manifiesta en cada paso, que lo lleva a su máxima
manifestación, pero él no se esfuerza por ser o crecer… solo fluye con la vida
y aprovecha cada instante para que su potencial de perfección interna sea a cada momento. De igual manera, así como en el árbol, vive en ti
toda la perfección de la existencia que espera por manifestarse a cada momento;
solo que ha diferencia del árbol, has racionalizado el concepto de perfección y
ese impulso natural por crecer, que se ha convertido en la carga más grande de la
mente, ya que solo es en un futuro ausente, cuando se manifieste completamente
el “árbol”, podrás ser feliz y vivirás la plenitud. Mientras tanto tienes que
aceptar tu presente miserable, por no ser aun lo que podrás ser. Se ha tomado ese impulso natural por crecer y
te han metido en la cabeza que no eres nadie si no tienes, o no haces, o no te
esfuerzas por mostrar resultados que demuestren que tienes valor. Nuevamente
aparece esa zanahoria que te hace correr hacia propósitos tan ajenos y contradictorios…
porque compras sueños e ideas ajenas para hacerlas propias… para sentir que vas
a ser alguien… te pones la ropa de otro y compras la promesa del paraíso. Un árbol que se esfuerza por ser colibrí. La semilla es, el arbusto es, el árbol es y por más que se esfuerce no podrá ser un colibrí… Tú
ya eres… y en cada momento se hace presente la perfección de lo que eres. Por supuesto
que necesita de ciertas condiciones externas para poder manifestarse, pero el
potencial permanece latente hasta el momento que una gota de agua libera la
magia. Pero la magia no estaba únicamente en el agua; habitaba en la semilla y
el agua fue el complemento que abrió la puerta para la manifestación.
Cada experiencia que llega a tu vida, es porque fluye en un
caudal natural, que hace que lleguen a ti esas situaciones que hacen detonar la
perfección que posees. La mente no puede explicarlo y se aferra a sus ideas y
razonamientos ya que el cambio es muy doloroso para ella. Si la vida cambia
permanentemente, entonces, las explicaciones deben hacerlo de la misma forma;
así que debemos crear un mundo estático donde reine la monotonía y la mente
pueda sentirse cómoda. Mientras que la
vida fluye sin parar… la mente te mete en una cárcel de ideas y teorías que se
oponen a ese flujo constante. “Cuando había encontrado las respuesta a la vida…
me cambiaron las preguntas” Dice un frase popular… Lo que se opone al flujo
natural de la vida termina por ceder y destruirse frente a su fuerza natural. Es cuando la mente ya no encuentra una
respuesta y debe buscar otra manera de lidiar con ese dolor. Se refugia en
nuevas ideologías que durante un tiempo serán efectivas… pero solo servirán para
postergar ese nuevo momento en el que e río de la vida se lleve por delante tu estructura
ideológica. Y aquellas ideologías que se mantienen son aquellas que se
construyen fuera de la experiencia de la vida misma, y que cuando las adoptas, sientes que
estás muerto, porque estás fuera del flujo natural.
Recuerdo el momento en el que me encontré con las primeras
lecturas que, en apariencia, solo servían para motivar a las personas y
alejarlas de forma artificial de la realidad cruda y dolorosa. Pero cada cosa,
persona o situación que llega tu vida lo hace por un motivo muy claro y es para
servir de detonador. Richard Bach y un libro que nos obligaban a leer en el
colegio generaron un pequeño destello de inquietud frente a un tema que me daba
vueltas en la cabeza… la espiritualidad. Después de leer “Juan Salvador Gaviota”
hubo algo que, por supuesto transgredía la formación cristiana a la que fue
sometido durante mi niñez… porque pude sentir la rebeldía de sus palabras. Fue así
como después me encontré con un segundo libro del mismo autor a mis 15 años: ILUSIONES,
del cual solo recuerdo el primer capitulo y que luego me daría la forma alegórica
de expresar el concepto que hoy te comparto… para ello hago referencia a esta
parte… con el permiso del autor (aunque por supuesto que no se lo he pedido):
El Maestro respondió y dijo: "Una vez vivía un pueblo en el lecho
de un gran río cristalino. La corriente del río se deslizaba sobre todos sus
habitantes; jóvenes y ancianos, ricos y pobres, buenos y malos y la corriente
seguía su camino ajena a todo lo que no fuera su propia esencia de cristal. Cada
criatura se aferraba como podía a las ramitas y rocas del lecho del río, porque
su modo de vida consistía en aferrarse y porque desde la cuna todos habían
aprendido a resistir la corriente. Pero al fin una criatura dijo: ‘Estoy harta
de asirme, aunque no lo veo con mis propios ojos, confío en que la corriente
sepa hacia donde va. Me soltaré y dejaré que me lleve a donde quiera. Si
continúo inmovilizada, me moriré de hastío. Las otras criaturas rieron y
exclamaron: ¡Necia! ¡Suéltate y la corriente que veneras te arrojará, revolcada
y hecha pedazos contra las rocas, y morirás más rápidamente que de hastío! Pero
la que había hablado en primer término no les hizo caso, y después de inhalar
profundamente se soltó; inmediatamente la corriente la revolcó y la lanzó
contra las rocas. Mas la criatura se empecinó en no volver a aferrarse, y
entonces la corriente la alzó del fondo y ella no volvió a magullarse ni a
lastimarse. Y las criaturas que se hallaban aguas abajo, que no la conocían, clamaron:
¡Ved un milagro! ¡Una criatura como nosotras, y sin embargo vuela! ¡Ved al
Mesías que ha venido a salvarnos a todas! Y la que había sido arrastrada por la
corriente respondió: ‘No soy más Mesías que vosotras. El río se complace en
alzarnos, con la condición de que nos atrevamos a soltarnos. Nuestra verdadera
tarea es éste viaje, ésta aventura’ Pero seguían gritando aún más alto: ‘¡Salvador!’,
sin dejar de aferrarse a las rocas. Y cuando volvieron a levantar la vista,
había desaparecido, y se quedaron solas, tejiendo leyendas
acerca de un Salvador".
La vida es el río… estás en él, pero no lo puedes disfrutar,
porque todo lo que haces es aferrarte a las rocas de tus ideas en donde sientes
seguridad. Porque el acto de soltarse es un acto de valentía y de AMOR. No es
el hecho de soltar algo para aferrarse a otra cosa. No es terminar una relación
de pareja, para aferrarse desesperadamente a otra… Dejar de profesar una
religión para convertirte a otra… Soltarse es un verdadero acto de fe. Es solo en el
flujo de la vida que tendrás la oportunidad de tener todos los elementos que
permitan que desarrolles tu potencial y puedas apreciar la perfección, no
como concepto, sino como esencia de la existencia. Porque inicialmente te vas a
sentir arroyado por su fuerza y sentirás ese deseo de volverte a aferrar a algo
o alguien… pero es allí cuando permites que el silencio te acompañe, que el
AMOR se manifieste para que con su piel te haga más sensible a la vida... Porque
comienzas a percibir que eres la vida misma y te haces uno/una con el río… te
solubilizas en él y fluyes por entre las rocas y sientes la fuerza de SER… pero
de vez en vez, necesitas adoptar esa piel del ego para relacionarte como una
parte de ese todo, para que te llamen por tu nombre y te identifiquen. Pero cuando
estés solo/sola, podrás disfrutar de tu desnudez y dejar de lado tu identidad
para solubilizarte en el río de la vida, donde las rocas no te golpearan, y por
el contrario, podrás moldearlas… como solo el agua puede esculpir la piedra. En eso radica la alquimia a la que te somete
el AMOR… poder comprender que eres la vida misma y una identidad con deseos y
miedos a la vez… porque ahora que estás solo/sola frente a estas palabras, de
que sirve tu nombre o tu profesión o el dinero que tienes o las deudas que te
agobian… esas son los asuntos del ego, que por supuesto necesitan ser observados
y dirigido con inteligencia… pero es cuando te haces parte del río que puedes
moverte y comprender desde tu Ser el cauce y de que forma puedes esculpir esas piedras que hoy te golpean. Porque la fuerza que mueve al río es el
mismo AMOR, porque la fuerza que te mueve a crecer y manifestar tu esencia es
el mismo AMOR. Es así que puedes elegir... seguir aferrado a
tus ideas y luchar contra la corriente de la vida, o soltarte y moldear las
ideas con el poder del AMOR. Porque el salvador que estás esperando nunca va a
llegar, porque esa incapacidad de ser responsable de tus decisiones, es lo que
alimenta las ideologías que solo sobreviven por ese miedo a SER LIBRES… porque
aquellos maestros que han trascendido, han sido tomados para generar las fabulas
que alimentan tus miedos y han distorsionado su mensaje tan sencillo… el
mensaje del AMOR. No necesitas convertirte en Jesús, ni Buda, ni Mahoma, ni lo que
quiere tu pareja que seas, o lo que la
cultura y sus ideales quieren hacer de ti… esa es la fuente de la infelicidad…
Dentro de cada uno de ellos solo hay una defensa enfermiza de sus ideales… para
disfrazar su insatisfacción.
Mientras que la vida esta pasando… estás discutiendo en quién
tiene la razón o quién está equivocado… defendemos las ideas y hasta se mata
por ellas… La idea de estar enamorado, de estar en lo correcto, de tener la
verdad. Si solo te dejar llevar por la inteligencia de la vida, que resuena en
tu interior, pero que reprimes porque no es “razonable” escuchar al corazón; desaparecen las preguntas y se revelan lo misterios. El AMOR es la manifestación más profunda
de la espiritualidad… porque ser espiritual es vivir la vida... en la vida… no en conceptos, no
alejarse de ella por promesas de paraísos ajenos. Por supuesto que duele soltarse en ese flujo, pero
quién es lastimado inicialmente es el ego... porque la esencia permanece intacta y lista para
manifestarse… Abre tus manos y suelta lo que tienes para que puedas disfrutar
de cosas nuevas… nuevas experiencias… porque la vida es nueva a cada instante y
quien se envejece es la mente y el ego que viven en el pasado. Abre tus ojos y deléitate
con lo simple que es fluir en la dinámica universal… abre el corazón y permite
que brote la perfección a cada instante y disfrútalo… como disfrutas de un
amanecer o una noche de luna… porque en esas pequeñas cosas habita la
perfección… como amar sin poseer y permitir que esa manifestación del AMOR hacía
la otra persona, sea purificadora y liberadora... Entonces, crecer no necesita
esfuerzo, solo dejar fluir la vida que habita en ti… Regocíjate con la belleza
que se manifiesta en ti, porque no hay forma de compararte con otro… porque no eres ese
otro… tu manifestación es tan única, que lo que te sumerge en la desesperación
es querer ser lo que no eres. Cuando dejas de querer ser alguien…
para simplemente SER… has soltado esa idea de vivir la vida de otro y comienzas a fluir
en el río de tu propia experiencia... Disfruta de tu viaje a la inmensidad del océano... inmerso en la piel que te da el AMOR.

muy buena la traba parcerito!!!!
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