6. De la Entrega...
Es muy popular la expresión: “dar para recibir”.
Y es sobre ella, que se ha construido todo el conjunto
de ideas que rodean a la ficticia presencia de lo que comúnmente llamas amor.
Todos dicen que aman… que ha experimentado el amor de alguna manera, pero hasta
que punto te refieres a la manifestación honesta y transparente de esa fuerza vital
que surge de tu interior. Solo la expresión “dar para recibir” condiciona completamente
la esencia misma. Porque algo es claro... que cuando haces algo por
alguien, desde tu inconsciente se reclama fervientemente que seas recompensado.
Es ese esperar, que nos priva de la dicha de simplemente DAR, abriendo con
esto, el espacio para el AMOR.
Cuántos siguen en la búsqueda del amor, mientras
que otros solo lo intelectualizan y pasan al plano de las ideas, para defender
claramente la posición del egoísmo. Porque es obvio para ti, que cuando das, debe pasar algo que te compense. Porque al referirte al amor, hay que guardarse algo, porque no es bueno entregarse totalmente... porque repites "entre dientes": El que se enamora, pierde. Y mucha razón tienes en lo que piensas... ya que El Amor es ENTREGA TOTAL, sin medidas... y a lo cual, le temes, ya que
cuando sientes el vacío que se genera el DAR, desesperadamente buscas llenarlo con lo que, según te
enseñaron, vas a recibir a cambio; deteniendo la manifestación
transformadora del AMOR. No hay que
buscar nada, porque nada se ha perdido, solo está oculto bajo toda esa maraña
de miedo y pensamientos que fortalecen al ego… porque el ego no sabe qué es dar…
solo espera recibir… mientras que la existencia misma que se manifiesta en el
AMOR, solo sabe DAR. Cuando buscas agua en un pozo, no tienes que traer el agua
al pozo… el agua siempre ha estado ahí… esperando el momento para
fluir y manifestarse; para aliviar tu sed y refrescar tu vida. De nada sirve el
agua del pozo, sin haber hecho el hueco... El pozo es el vacío que tienes que
generar para que el agua salga… porque el AMOR se manifiesta es cuando dejas vacío, de lo contrario se queda represado y no se puede manifestar. Tus ideas, expectativas, deseos de tener esto y lo otro; hacen que el
AMOR se estanque y no fluya. Ese es el parámetro del ego, cuya consigna es “recibir”. Entonces, ¿dar para recibir? De todo lo manipulado que han sido los
múltiples mensajes de los maestros más significativos, éste ha sido distorsionado
de tal forma, que hoy podemos observar la consecuencia de ello. Un mundo que no
conoce el AMOR. Todas las religiones
hablan de él y hasta dicen que es el mismo Dios… pero es un amor condicionado,
lleno de regulaciones y obstáculos, prevenido y celoso... que impide su presencia. Como consecuencia, se manipular tu sed natural para venderte ilusiones que entretengan tu
ego.
Cuando retiras toda la arena, piedras y arcilla para hacer el pozo, surge ese manantial de agua que brota constantemente... no pretende
nada… solo fluye… no espera nada… Solo fluye. Es así como se
manifiesta la vida misma… ella conoce el camino al gran océano… se abre paso
por entre montañas y valles, para finalmente retornar a la Fuente. Es obvio que desprenderse inicialmente de todo
es complicado y es algo que has observado constantemente, porque no es fácil aceptar el vacío. Pero recuerda que es
solo cuestión de decidir, si sufrir por sufrir… en manos de las locuras de la
mente y sus miedos… o sufrir en la pérdida y trascender… en la corriente del AMOR del cual
brota la vida. Con esto no quiero decir que la vida es sufrimiento... el sufrimiento es la consecuencia de apartarse de la vida y aferrarse a la ilusión... Cuando retornas a la vida, el sufrimiento se desvanece.
En medio de todo este proceso, me encontré con un
hermoso cuento del estadounidense Shel Silverstein, el cual comparto con mucha
alegría contigo.
El Árbol Generoso
Había una vez un árbol…
Que amaba a un pequeño niño.
Y todos los días el niño venía
Y recogía sus hojas
Para hacerse con ellas una corona y
jugar al rey del bosque.
Subía por su tronco
Y se mecía en sus ramas
Y comía manzanas
Y ambos jugaban al escondite.
Y cuando estaba cansado, dormía
bajo su sombra
Y el niño amaba mucho al árbol
Y el árbol era feliz.
Pero el tiempo pasó
Y el niño creció
Y el árbol se quedaba a menudo
solo.
Pero un día, el árbol vio venir a
su niño y le dijo:
“Ven, Niño súbete a mi tronco y
mécete en mis ramas y come mis manzanas y juega bajo mi sombra y sé feliz.”
“Ya soy muy grande para trepar y
jugar“, dijo el niño.
“Yo quiero comprar cosas y
divertirme, necesito dinero. ¿Podrías
dármelos?”
“Lo siento“- dijo el árbol -”pero
yo no tengo dinero. Sólo tengo hojas y
manzanas. Coge mis manzanas y véndelas
en la ciudad así tendrás dinero y serás feliz”.
Y, así, él se subió al árbol,
recogió las manzanas y se las llevó
Y el árbol se sintió feliz.
Pero pasó mucho tiempo y su niño no
volvía
Y el árbol estaba triste.
Y entonces, un día regresó y el
árbol se agitó alegremente y le dijo, “Ven, Niño, súbete a mi tronco, mécete en
mis ramas y sé feliz.”
“Estoy muy ocupado para trepar
árboles“, dijo él.
“Necesito una casa que me sirva de
abrigo”.
“Quiero una esposa y unos niños, y
por eso quiero una casa.
¿Puedes tú dármela?”
“Yo no tengo casa”, dijo el árbol.
“El bosque es mi hogar, pero tú
puedes cortar mis ramas y hacerte una casa.
Entonces serás feliz.”
Y así él cortó sus ramas y se la
llevó para construir su casa.
Y el árbol se sintió feliz…
Pero pasó mucho tiempo y su niño no
volvía.
Y cuando regresó el árbol estaba
tan feliz que apenas pudo hablar.
“Ven, Niño” susurró.
“Ven y juega.”
“Estoy muy viejo y triste para
jugar”, dijo él
“Quiero un bote que me lleve lejos
de aquí. ¿Puedes tú dármelo?”
“Corta mi tronco y hazte un bote”,
dijo el árbol. “Entonces podrás navegar
lejos… y serás feliz.” Y así él cortó el tronco.
Y se hizo un bote y navegó lejos.
Y el árbol se sintió feliz.
Y después de mucho tiempo, su niño
volvió nuevamente. “Lo siento, Niño,” dijo el árbol, “pero ya no tengo nada
para darte - ya no me quedan manzanas.”
“Mis dientes son muy débiles para
comer manzanas”, le contestó el niño.
“Ya no me quedan ramas, tú ya no
puedes mecerte en ellas” – dijo el árbol.
“Estoy muy viejo para columpiarme
en las ramas,” dijo el niño.
“Ya no tengo tronco” dijo el árbol,
“para que puedas trepar.”
“Estoy muy cansado para trepar” le
contestó el niño.
“Quisiera poder darte algo…pero ya
no me queda nada. Soy solo un viejo
tocón. Lo siento…” (dijo el árbol)
“Yo no necesito mucho ahora, solo
un lugar tranquilo para reposar, estoy muy cansado,” dijo el niño.
“Bien”, dijo el árbol reanimándose,
“un viejo tocón es bueno para sentarse y descansar. Ven, Niño, siéntate.
Siéntate y descansa.”
Y él se sentó
Y el árbol fue feliz.
El ego siempre está necesitando algo… necesita
dinero, casas, viajes… mientras que un ser que permite la manifestación del
AMOR que brota de sí, es solo entrega. El árbol no esperaba nada del niño, solo
era feliz al dar. No importaba que al niño recibir lo que quería, se marchara, el árbol era
feliz. Porque solo desde el AMOR se comprende el acto de la ENTREGA
INCONDICIONAL… Porque el árbol no se identificaba con sus hojas, ni sus ramas,
ni sus frutos… él solo experimentaba la felicidad de DAR. Aunque lo más hermoso
que puedes experimentar cuando amas, es una tristeza particular, una natural y
consciente que se genera cuando tienes para Dar y no hay quien Reciba. El árbol
no estaba triste porque quería poseer al niño y que nunca más se fuera de su
lado. Esa es la postura del ego. Era el AMOR que sentía por el niño que le oprimía
su Ser porque estaba ahí para él… para darle todo de si. Socialmente tienes que
defender tu ego, por lo tanto, en ese orden de ideas no es posible experimentar
el AMOR, porque ¿cómo entregar todo sin esperar nada a cambio? Por supuesto que
no es posible concebir esto en tu mente tan ligada al mercado, la economía y la plusvalía de las cosas. Las
relaciones de pareja se han convertido en, literalmente, contratos
empresariales, en donde las partes están en una transacción comercial. El árbol
no tenía dinero, pero proveyó al niño para que lo consiguiera, así no
compartiera las ganancias de la venta de sus frutos… en ningún momento el niño
le presento a su esposa e hijos, sin embargo el árbol era feliz… no le trajo
ningún “souvenir” de sus viaje en la balsa que salió de su tronco… el árbol era
feliz.
Hasta el momento el que puedas convertirte en un
árbol que abre sus ramas para dar sombra, refugio y alimento a cuanta criatura lo necesite... y tus frutos estén dispuestos sin condiciones a todo el que se
acerque a tomarlos, el AMOR seguirá siendo la fantasía de un cuento. Si te
sigues identificando con tus ramas, tus frutos y tu tronco... solo vivirás tras
la mentira de un “te amo”. Cuando el Amor toma piel, te ayuda reconocer que eres
una fuente inagotable de VIDA… que puedes dar y dar y dar… porque estás
conectado a la FUENTE DE LA CREACIÓN... porque has comprendido el Vacío.

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