7. De la Inocencia...



Es algo que compartes con la esencia de la vida. Después de caminar por un sendero lleno de egoísmo es completamente entendible que el concepto de entregar raye con la ingenuidad. Es allí donde debes estar atento y conectarte con las circunstancias y decidir cómo vivir la vida. Ahora que has dedicado un poco de tu tiempo para ojear, dar un vistazo a estas palabras, algunas sensaciones están manifestándose de tal manera, que podemos tener una conversación en la que desde tu perspectiva reconozcas que para alcanzar un punto de manifestación plena, es necesario trascender tu experiencia actual.

Te han enseñado desde muy temprana edad a aferrarte a tu identidad, a defenderla y resguardarla del dolor; a formar una imagen acorde a las circunstancias y que puedas moverte en este mundo exhibiendo tus logros y resultados. Claro que es necesario reconocer tu identidad y darle forma a tu Ego, para que puedas trascenderlo… no es posible conocer algo desde la teoría únicamente. Para que el Amor se manifieste de forma trascendental, debes haber alcanzado un nivel de egoísmo que te permita percibir con claridad cuál es la fuente de tu insatisfacción. Porque necesitas ser primero el niño del cuento del árbol, para luego comprender la actitud del árbol. Es necesario que estés viviendo la experiencia desde el egoísmo para que puedas darte cuenta que después de un tiempo, es allí donde radica la infelicidad… porque el Ego es una ilusión que nunca será satisfecha. No hay aprendizaje más significativo que la experiencia propia y vivida; que al compartir una anécdota, en la que coinciden muchas situaciones que viviste, haya una sensación de complicidad y entendimiento mutuo. Es por eso que debes disfrutar de tu ego y su experiencia sensorial… experimentar ese egoísmo incapaz de comprender la naturaleza de la Entrega, para que con un tiempo, tan único como tu vida misma, sin necesidad de otra persona, reconozcas que es inútil encontrar la plenitud desde la vivencia de la identidad, la personalidad y el ego.

Esta es la situación del Ego descrita en una narración clásica de Rabindranath Tagore:

Había estado pidiendo de puerta en puerta por la calle de la ciudad, cuando desde lejos apareció una carroza de oro. Era la del hijo del Rey. Pensé: ésta es la ocasión de mi vida; y me senté abriendo bien el saco, esperando que se me diera limosna sin tener que pedirla siquiera; más aún, que las riquezas llovieran hasta el suelo a mi alrededor. Pero cuál no fue mi sorpresa cuando, al llegar junto a mí, la carroza se detuvo, el hijo del Rey descendió y extendiendo su mano me dijo: « ¿Puedes darme alguna cosa?». ¡Qué gesto el de tu realeza, extender tu mano!... Confuso y dubitativo tomé del saco un grano de arroz, uno solo, el más pequeño, y se lo di. Pero qué tristeza cuando, por la tarde, rebuscando en mi saco, hallé un grano de oro, solo uno, el más pequeño. Lloré amargamente por no haber tenido el valor de dar todo.

Es fundamental que puedas vivir la experiencia del mendigo del cuento de Tagore. Que estés con tu mano extendida pidiéndole a la vida que te bendiga con no sé qué cosas o con no sé qué virtudes. Porque es inevitable, gracias a lo que vives permanentemente, que te olvides de que eres un Ser Universal para convertirte en un Individuo separado de la existencia y ajeno a su “magia”. Que vayas por el mundo deseando llenar tu “saco” de todo cuando puedas… como si el mundo te debiera algo y se lo tienes que cobrar con intereses. Porque no importar hasta que punto tengas que llegar para satisfacer tus deseos y sueños; sobre quién tengas que pasar para conseguirlo. Tienes que conocer a tu ego y defenderlo, para que vivas una vida de lujos y reconocimientos, pero que con el tiempo descubres que entre más trabajas en función de esa “satisfacción”… más mendigo de la vida te vas haciendo. Solo cuando comienzas a entender que al DAR, así sea un simple grano de arroz, algo trasciende… aunque desde la perspectiva del cuento, el Ego se manifiesta en su codicia y ve la recompensa del grano de oro como la relación entre el dar y recibir… metiéndote en un círculo vicioso que nuevamente te lleva al mismo lugar… Esa es la manifestación más clara de lo que es la ingenuidad.

Entonces, para poder alcanzar un entendimiento más profundo de lo que es el Amor, es necesario pasar por las diferentes manifestaciones del Ego. Recuerda que es necesario la experiencias para que haya significado en tu vida… es por eso que has tenido que alimentar y cuidar tu Ego, para comenzar desde una etapa de codicia, en la que todo cuando hay te pertenece y es necesario poseerlo. Después de un tiempo, cuando comienzas a sentir que ese estado de egoísmo te genera mucho dolor, puedes optar por la etapa de la ingenuidad…  en la que encuentras miles de ideologías que te enseñan a distraer tu ego tras una cortina de apariencias, pero donde lo único que consigues es calmar por un tiempo esa ansiedad de llenar el vacío. Eres ingenuo al creer que podrás satisfacer a tu ego. Te adentras en los terrenos de la ingenuidad al creer que el pequeño grano de arroz fue reemplazado por el grano de oro… porque en ningún momento de la historia, el hijo del rey aparece dándole al mendigo… El grano siempre estuvo allí... solo fue posible su manifestación al momento en el que el vacío se generó y puedo observarlo… estaba allí… pero la codicia vuelve y hace su entrada… “Lloré amargamente por no haber tenido el valor de dar todo”… Porque aun crees que hay que DAR para RECIBIR… eso es ingenuidad.

Pero se necesita dar un paso más profundo… mucho más allá de las ideologías condicionadas para poder experimentar el AMOR… porque por supuesto que desde el ego, entregar es una posición de ingenuidad. Porque no es sencillo para una mente llena de deseos, experimentar el júbilo de la entrega, porque eso implica pérdida. Pero más allá de perder o destruir, es que estás aprendiendo a trascender, entonces entras en un estado de INOCENCIA. Entonces, siente que es lo que te mueve en este momento y madúralo… vive intensamente tu experiencia desde el Ego para que envejezca lo más pronto posible y puedas conversar con él… cómo el viejo cansado que se acerca al árbol y que ya no tiene fuerzas para seguir deseando. Porque si reprimes tus deseos y a tu ego, le das más fuerza a esas situaciones, hasta que llega el momento en el que vas a perder el control y reaccionaras de la manera menos pensada, saturando tu vida de decepción. La Inocencia es, retornar al origen, donde no hay posibilidad de juzgar porque te has purificado del condicionamiento de una mente llena de prejuicios, memorias y pasados que no te permiten disfrutar del poder alquímico del Amor. Porque la esencia del presente es la Inocencia, porque es con ella que puedes disfrutar de un atardecer o esa mariposa que revolotea en el jardín… disfrutar de una noche con un cielo completamente estrellado… de la música de un amanecer en el campo. Porque es desde la inocencia que puedes disfrutar sin esperar absolutamente nada del atardecer, o de la mariposa… ni de las estrellas o el amanecer… simplemente, te haces uno en su belleza y no tienes ni siquiera la necesidad de mencionarlo. Porque es la Inocencia la que te permite integrarte y apreciar en la creación un reflejo de tu manifestación y… cómo poder aburrirte si cada momento es tan único que no existe la posibilidad del tedio. Solo la mente llena de deseos es capaz de mostrarte el aburrimiento, porque está esperando que el grano de oro llegue al saco… porque tiene que condicionar y separar para existir… porque le da miedo hacer parte del Todo… Acaso, ¿es que en esa contemplación del amanecer o de las estrellas, has necesitado que el paisaje diga tu nombre? Es solamente en ese estado de Inocencia, de no juicio, que experimentas la bondad y el Amor… porque con su alquimia te das cuenta que puedes transformar lo que quieras en Oro… como símbolo de la permanencia y eternidad… de incorruptibilidad, no de valor de intercambio.

Desde la inocencia comprendes que no hay diferencias, sino armonías… que son tan necesarias para disfrutar de la polifonía de la existencia, en donde todo va de acuerdo a un fluir constante y consciente que no se puede explicar desde la mente. Porque la espontaneidad es un lujo del que solo pueden disfrutar las personas inocentes. Pero no es cuestión de una dicotomía entre quién es inocente y quién culpable…  o clasificar que es bueno ser consciente y malo estar en un estado de inconsciencia… Es la mente la que le encanta clasificar y rotular… mientras que en la inocencia, solo disfrutas del río… y su cauce hasta el océano. No juzgas el cauce, ni la forma en la que el río interactúa con la montaña o el valle… simplemente lo contemplas y disfrutas de su presencia… como disfrutas de estar en este momento contigo… sin juicios o preguntas… solo ERES. 

De la Codicia, a la ingenuidad…y luego a la Inocencia. Cada paso te lleva más profundo… en donde comienzas a comprender la simplicidad de la vida que antes se te hacía tan complicada. La complejidad proviene de la mente y sus miedos, mientras que el Amor que se manifiesta en ese estado de Inocencia simplifica la perspectiva y la da un sentido natural a tu camino… donde no hay un objetivo que alcanzar, sino un camino que disfrutar… Que es la espontaneidad del río que fluye de tu interior, que te permite observar tu vocación y hacer lo que verdaderamente puedes hacer en esta sinfonía que es la existencia. Porque no todos podemos ser médicos o ingenieros… porque en un estado de inocencia reconoces con claridad tu papel en esta obra que llamas realidad… pero que no es más que eso… una obra de teatro en la que tu identidad, tu personalidad es precisamente eso… el personaje… mientras que tu Esencia, eterna… manifiesta su magia transformadora valiéndose de tu personaje. Es entonces, preciso vivir la codicia y la ingenuidad desde el ego, para que cuando hayas madurado y gastado lo suficiente tu identidad… dar paso a la Inocencia para manifestar el Amor desde la Entrega.

Pero es que duele…  
Si… Por supuesto que duele.

Cuando has creado un lazo tan fuerte de identificación con tu Ego, el hecho de Dar y no recibir nada a cambio, genera una sensación de estar equivocado y desear convertirse en piedra para no poder sentir. Pero al final, todo lo que haces, desde el ego, es para satisfacer tu necesidad de sentir que existes… que alguien te nombre; aunque estés por un tiempo cauterizado por el dolor de una decepción anterior… en cualquier momento ese impulso natural te lleva a experimentar situaciones con más intensidad que antes. Pero de nada sirve todo eso si te quedas entre la codicia y la ingenuidad de forma repetitiva… deseando un montón de cosas y creer que vas a estar en algún momento satisfecho… que si te sale ese negocio… o te compras la casa… o ese viaje se da… entonces ahora sí voy a ser feliz. Bueno… cuando el negocio resulte, otros problemas van a aparecer y otros deseos van a sofocarte. La casa tendrá que pagar impuestos y resolver la cantidad inimaginable de situaciones que te llevaran a observar que allí no terminaba todo… Así que será un dolor permanente, que lo ocultaras con dosis extremas de egoísmo para acallar esa necesidad de estimulación sensorial, enredándote en una maraña de ideas y proyectos futuristas, de la que será más complejo salir después. La inocencia es el paso que sale del ciclo interminable de codicia – ingenuidad. Es allí, donde las palabras dejan de ser solo eso y se manifiestan tal y como son… donde las canciones y el silencio comprenden que se complementan de tal manera que no pueden existir el uno sin el otro… es en la Inocencia que el Amor toma su piel y te permite mostrar una identidad ante los demás, pero manifestando la Esencia de lo que en verdad eres… Una fuente de creación permanente.

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