8. Del Sentido Común
Tomar la decisión de recorrer un camino con la incertidumbre
de las consecuencias, es un acto de fe o de profunda estupidez. Existe una fuerza interna que te motiva a dar
ese salto al vacío, pero… ¿qué pasará? ¿Será lo correcto?... Es tan saludable
el miedo mismo a dar ese salto, como lo es la acción temeraria de la aventura.
¿Cómo garantizar los resultados?
Desde la lógica y la ciencia, se ha querido encontrar una
teoría capaz de predecir todo lo que ocurre y meter cada evento en una ecuación
para tener la certeza de los resultados… pero no se ha conseguido. Todo el
siglo XX fue una revolución con relación al determinismo que predisponía a los
investigadores y pensadores de la época a encontrar esa teoría que lo
respondiera todo... No lo lograron y lo mejor de todo es que se dieron cuenta que lo que reina es la Incertidumbre... Puede que esto sea ajeno a tu cotidianidad, que puedas seguir
viviendo normalmente sin saber nada de esto o cuestionarte a cerca de lo otro… que simplemente te interese lo que pase en el reality o la novela… en el noticiero y su
amarillista manipulación de la información… Pero si has llegado hasta este
momento, es porque esa fuerza interior es cada vez más intensa, pero igualmente
te llena de miedo e incertidumbre… Lo más interesante de todo, es que con los
argumentos de la lógica y la ciencia, a lo único que puedes llegar es a eso…
Incertidumbre. Te hablan en términos de probabilidades y no de certezas, así
que necesitas algo que desde la mente te dé seguridad… te tienes que aferrar a
una roca o lo que sea que te otorgue esa sensación de solidez. Entre más te
adentras en los terrenos de la ciencia, más intangibles son las cosas y menos
sustanciales, hasta el punto en el que prefieres salir de esa profundidad que
desconcierta a la mente y su lógica determinista… la misma ilusión del color,
como la materia misma, pierden toda sustancia entre más te sumerges en ella…
entonces… ¿cómo dar ese paso en el vacío, si todo es incertidumbre?
La otra alternativa es la religión… desde la promesa de un
futuro seguro o la confianza puesta en una cierta lista de dogmas que te
ofrezcan una certeza de lo que debes hacer para que las consecuencias de tus
actos ya estén definidas y entonces te
liberes del peso de la incertidumbre. Pero tampoco lo consigues… es como acetaminofén
para un cáncer… siguen las preguntas sin respuesta, porque ahora el dueño de
las circunstancias y las consecuencias no eres tú, sino otro… que posee
personalidad y ego propio… que puede ser ofendido y que es celoso… Porque
asumir la responsabilidad de la propia existencia implica un acto de valentía
muy grande y que demanda tanta presencia, que es mejor encontrar quien haga el
trabajo por ti. Si la respuesta estuviera en la religión, ¿por qué se sumerge cada vez más a la
humanidad en una desesperanza que pretenden callarse con la promesa de un paraíso
futuro? Porque cada religión pretende
tener la razón… y la razón es una herramienta de la mente para controlar y
someter. Porque cuando tienes la razón,
tienes el poder… y definitivamente eso es muy estimulante. Entonces, al final
la incertidumbre se disfraza en una serie de pensamientos a lo que les damos un
valor de verdad indiscutible y sobre los que si no estás de acuerdo vas a tener
que sufrir por tu rebeldía. Pero el cuestionamiento sigue… te sientes culpable
de no ser una oveja del rebaño y con ese estado de culpa te haces más
vulnerable a la manipulación de tu miedo. ¿Entonces en que creer? Que miedo!!!…
tienes que devolverte a velocidades increíbles a sumergirte en las
probabilidades de la ciencia o los dogmas de la religión… pero en algo hay que
creer… un dios, un gurú, un libro… una idea.
En los últimos años, ha sido más notoria esta sensación de
apatía frente a estos cuestionamientos y queriendo simplemente soltar esa “preocupación
existencial”, puedes asumir una postura “importanculista” (donde nada tiene
importancia y que de forma folclórica se le otorga el mismo valor del culo) “comamos
y bebamos que mañana moriremos”… dedicando toda tu energía vital al deleite de
los sentidos y la estimulación del instinto animal primitivo que te han
reprimido desde la ciencia y la religión. Porque no puedes reconocer tu
naturaleza animal en ninguna de las dos posturas… el animal no piensa o el
animal es la parte diabólica de tu
existencia… porque en algo coinciden tanto la religión como la ciencia… la
parte animal es de bajo nivel y necesita ser sometida. Surge el miedo a los
instintos. Una mente llena de incertidumbres y miedos quiere tomar el control
de tus decisiones y además QUIERE TENER LA RAZÓN… El ego está inmerso tanto en la ciencia como
en la religión y usa tanto el uno y el otro para perpetuar su existencia, para
tener un “algo” que le de reconocimiento y valor. Mientras que el
importanculismo es el estado de rebeldía de tu esencia animal que ya no quiere
ser más el paria del cuento. Te mientes,
engañas con tal descaro que terminas envuelto en esa maraña de disculpas y
excusas para justificar tus actos… pero al final esa incertidumbre sigue allí…
latente y cada vez más tenebrosa… Sí… te
mientes… porque quieres mostrar seguridad y determinación, pero el miedo es el
que te está moviendo en definitiva… y eso que llamas seguridad y determinación,
no es más que la reacción obstinada de un animalito asustado que no quiere
mostrarse débil ante un mundo de depredadores que quieren devorarte. Un mundo en donde debes tener la razón… sea
como sea.
Por eso es que el Amor no se puede conceptualizar o darle parámetros definidos, porque quien le teme al infinito es el Ego y necesita de las fronteras. Porque la voz de la consciencia se ha manifestado desde siempre a cada instante, pero nuestra distracción en lo exterior nos ha llevado a confundirla con el instinto al que también vemos como enemigo desde la mente. Todos son enemigos y me quieren hacer daño… ¿Verdad que es enfermizo y definitivamente imposible vivir en un estado de paranoia permanente? Pues es lo que has estado viviendo hasta ahora. Es el tiempo de retornar al SENTIDO COMÚN… al estado de la inocencia, donde dejamos que la vida fluya, como el río sabio que conoce el camino, sin intervenir en ella con nuestra ignorancia. Porque el equilibrio de tu SER no está en someter ni al cuerpo ni a la mente, sino integrarlas y disfrutar de la armonía de la diferencia entre los dos estados de tu vida en los que estás en conflicto permanente. Es como una pelea con tu sombra, en donde ella quiere someterte. Que tal si en vez de estar peleando, para tener la razón, empleas esa energía para encender la luz de tu consciencia y observar el sentido común de la existencia… Ha comenzado el tiempo de la individualidad. Porque a la religión como a la política no le interesa el individuo, le interesa la masa. Cuando estás solo, es posible que puedas realmente conocerte y confrontar tu realidad y lo que verdaderamente fluye de ti. Porque antes teníamos que creer y ahora podemos sentir. Amar tu cuerpo, es decir, tu naturaleza animal para integrarla a tu viaje y que deje de ser el indeseable leproso que está contaminado con los instintos… y esto se logra solo desde el AMOR. Porque el miedo debilita, mientras que el Amor revitaliza ya que no está limitado por la incertidumbre, sino que fluye en el sentido común, en la simplicidad del Presente.
Cuando quieres tener la razón, agredes a quien está
equivocado… desde la Ciencia o la religión, la política o el equipo de fútbol.
Porque se genera la división entre el que está en lo correcto y quien está
equivocado. Porque no se genera una conexión entre dos individuos, sino un lazo
de sometimiento entre el que tiene el control y el controlado. Porque es desde
ese estado que quisieras controlar el pasado y el futuro, de allí esa fantasía ancestral
de viajar en el tiempo… La existencia tiene un Sentido Común que solo es
percibido desde la quietud de la mente y la integración de tus instintos… Es
como abrir una puerta de dos cerraduras, necesita de las dos llaves en el mismo
momento para poder abrir la puerta del corazón. Solo con la mente se
manifestará el Ego con el miedo y la incertidumbre; con el cuerpo, el deseo de
estimulación bioquímica permanente en donde
a lo que llamamos amor, es simplemente una manifestación egoísta íntimamente
relacionada con la insatisfacción y la desilusión.
La puerta no se abrirá hasta el momento en que tu cuerpo y
sus instintos, con la mente y sus miedos no coincidan en el PRESENTE… Es
posible que hayas podido vivir momentos de plenitud en lo que ni los instintos,
ni el intelecto hayan sido los protagonistas… sino que estando presentes, en un
estado de equilibrio hayan abierto la puerta de manera inconsciente y por un
momento haber disfrutado del paraíso. Por eso cuando amas a otra persona con
honestidad… y entregas los instintos y tus pensamientos… experimentas no
solo el placer de un orgasmo pasajero… sino la vivencia de la sublime, porque
tanto tu cuerpo como tu mente dejaron de discutir y se integraron para que el
Amor se manifestara en una danza cósmica que te hace uno con el Infinito. Pero no es que esa otra persona sea la razón
de tu plenitud… solo ha sido una hermosa circunstancia de la vida para
mostrarte que el paraíso está disponible para el momento en que quieras estar
en él. La honestidad es el sentido común, carente de deseos y caprichos… la
honestidad es la desnudez que se experimenta en la inocencia y en donde no se
pretende ser… solamente se ES.
Por eso, la manifestación de esa fuerza que es incontenible…
la fuerza del AMOR que busca su camino hacia el océano solo se puede comprender
desde el equilibrio del cuerpo y de la mente. En el momento en que el conflicto
interno se acalla, toda la energía se emplea para la liberación de ese flujo de
Amor que marca perfectamente el paso a seguir… Se desvanece la incertidumbre y
el miedo para que se haga presente la plenitud de la consciencia. ¿Dar el paso
correcto? Ahora desparecen las preguntas y solo se manifiestan las respuestas…
Te pones la piel del Amor y el camino se hace más evidente.
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